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  • Viviana Huízar

Hashtag Activismo


Todo momento histórico alguna vez fue momento presente. Si un hecho logró trascender el tiempo y espacio en el que existió para que un sujeto perteneciente a otro pudiera hablar de él, será en gran medida porque habrá logrado adoptar un medio de documentación que le resulte lo más parecido posible a un amor incondicional (si es que eso existe). Fotografía, novela, televisión, radio. Lo hemos visto y escuchado de todo. O al menos eso creemos. Y de pronto surge el momento (que quizás en el futuro será considerado como historia) en el que la inquietud social se manifiesta de manera digital.


Desasosiego, enojo, oposición y conflicto. Pero también unión, transformación, libertad y movimiento. Formar parte de la sociedad contemporánea te permite identificarte en cualquiera de los dos espectros, trascenderlos, adoptarlos, abandonarlos. Apasionarte con una visión o creencia para luchar por ella de manera independiente o en conjunto, sentirte parte de algo o hasta apropiarte de tu soledad.


¿Dónde existe el movimiento social que ocurre en el universo digital? Impalpable e inmesurable, sin un límite fijo y con tantas vertientes como usuarios, el activismo a través de las redes sociales es tan fuerte como pretende. Es la unión de las voces digitales, una alternativa para expresarnos con libertad, y para la víctima, la posibilidad de evidenciar, hablar y pedir justicia tras la seguridad de las palabras que no necesariamente deben ir firmadas con autoría. Es la posibilidad de exigir, a quien corresponda, el ejercicio de la justicia.


El activismo en redes sociales ha movido sociedades, ha unido luchas y ha permitido brindar luz a injusticias. Tomar una foto o hacer un video permite ahora la posibilidad de que la voz del testigo no esté sujeta a interpretaciones influenciadas por estructuras de pensamiento, y aunque interpretaciones no faltarán, lo ocurrido quedará indeleble en el mundo digital.


El caos que ocurrió en un sólo instante, ahora tiene réplicas digitales. Aquello que fue evidente para sólo unos cuantos, ahora lo es para quien sea. El acto que ocurre una vez impacta en su momento, pero mantiene su eco mientras se reproduce en dispositivos móviles. El golpe no pasa desapercibido, y tener un testigo supone la posibilidad de tener millones.


Es como si existiera una conexión inmediata entre varias mentes — desconocida pero evidente y tan poderosa como podría ser invisible. Si lo miramos desde lejos y con un poco de imaginación, éste concepto de comunicación digital tan inmediata que supone una unión, podría bien parecerse a la telepatía. Tu lucha se convierte en la de otros miles, y la verdad con la que se defiende ya no es sólo tuya, sino de todo aquel que se atreva a compartirla contigo.


Levantar la voz permite que el otro se identifique conmigo. Comenzar una lucha significa también que podré moverme para pedir liberación y justicia. Hablar a través de una pantalla me da la opción de mostrarme completa, parcialmente e incluso de ocultarme absolutamente. Levantar la voz ahora es quizás (más) accesible gracias al universo digital que permite el anonimato.


La sensación de entrar a una aplicación y sentirte apoyado por un montón de perfiles desconocidos trasciende el espacio físico en el que podemos identificar a una comunidad.

El ruido que haces una sola vez para defender lo propio ahora tiene eco en las miles de voces que logran comunicarse contigo a través de teclados y pantallas. Lo que antes estaba sujeto a la interpretación de sus espectadores y se prestaba para la duda de una perspectiva sesgada, ahora puede ser reproducido mil veces limitándose únicamente al ángulo de grabación.


Surge el acontecimiento que da origen al movimiento y se enciende con intensidad, se propaga y multiplica, prendiendo pantallas y comprometiendo teclados. Luego, en ocasiones parece que ése fuego se atenúa, pero queda lo que se ha sentido. Ahora, el activismo en redes sociales nos ha abierto una nuevo universo para identificarnos en el otro, y quizás sólo es momento de que no le permitamos la dispersión a causa de lo impalpable que resulta su existencia, pues hemos comprobado que impalpable no es su efecto.



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